No sé qué me lleva a realizar estas obras. Seguramente es, como así debe ser, un intento de expresar inquietudes, deseos, miedos…

A lo largo de los años de aprendizaje mis piezas cerámicas han ido, lógicamente, evolucionando. Pero sí hay características que se han ido manteniendo como una cierta línea estructural.

Una de ellas es el gusto por “manipular la materia”. El barro, con su plasticidad, permite alterar las formas a voluntad, jugar con el equilibrio, la textura… incluida la deformación de los objetos ya inventados para añadirles una idea que les da otra dimensión o utilidad. En cierto sentido es jugar a ejercer de pequeños dioses, de ínfimos creadores.

Otra de las características comunes deriva de mi voluntad de cambiar las formas “normales”. Me motiva el hecho de romperlas o redibujarlas o establecer perturbaciones en ellas por medio de añadirles componentes que no se encuentran próximos al objeto inicial: animales, cremalleras, colores…. Siempre, el motor es la comunicación y el conseguir piezas más “perfectas”.

Tomás Fernández

 

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